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YO, CUENTO (JADA SIRKIN)
YO, CUENTO (Y OTROS CUENTOS QUE PUEDEN NO CAMBIAR TU VIDA)
(Jada Sirkin)

162 p.|21x15| ISBN 978-987-4481-20-7

 

Corrección, edición, diagramación y diseño de interiores:
Sebastián González

Diseño de collage de portada:
Bárbara Vázquez

Diagramación de portada y postal:
Martín Tobaldo Pastore

En la foto: Rodrigo Soloeta y Dama David

…………………………………………………………………………………………………

CONTRATAPA:

En estos cuentos, dos elementos destacan el valor de la conversación: la honestidad
y el deseo de descubrimiento, ambos expresados en una reexión constante sobre el
relato. La amistad es el espacio donde se descubre que la conmoción, el movimiento
con el otro, es el fundamento por el cual contamos.

-Rodrigo Soloeta


Nos la pasamos contándonos historias. Historias de lo que creemos ser y de cómo
creemos que es el mundo. En el encuentro con el otro las narraciones personales
salen a la luz, para conrmar o destejer. Esta serie de cuentos es una investigación de
la "naturaleza" narrativa del ser humano. ¿Qué signica narrar? ¿Para qué contamos?
¿Por qué conversamos? Estos relatos enfrentan a sus personajes y a sus narradores
con su propia imagen. El encuentro les pone en peligro. ¿Quiénes somos detrás de lo
que creemos ser? ¿Qué implica darnos cuenta de que nuestra vida es un cuento?

…………………………………………………………………………………………………

SOBRE EL AUTOR:

Jada Sirkin dice no saber quién es. En su página
www.jadasirkin.com se cuenta que hace cine, que
publicó algunos libros, que da talleres de escritura,
que acompaña procesos creativos y que entrena algo
que se llama RE. En los pasillos de la editorial se
rumorea que el autor no quería su nombre en la
portada, y que aceptó ponerlo en rojo porque dice
que su identidad está en llamas. Se lo vio tirando un
ejemplar al suelo, como si el libro fuera una de esas
bombas de humo que se usan para desaparecer.
Asegura que, si lograra arrojar el libro de la forma
adecuada, el sujeto arrojador perdería, al instante y
como envuelto en una nube, todos sus bordes.

…………………………………………………………………………………………………

CUENTO RANDOM:

JOHN ESTÁ FELIZ

No se trata de que este mundo siga siendo comentado,
criticado, denunciado. Vivimos rodeados de una niebla
de comentarios y de comentarios sobre comentarios, de
críticas y de críticas de críticas, de revelaciones que no
desencadenan nada, salvo revelaciones sobre las revelaciones.
Esta niebla nos despoja de todo asidero en el mundo.
Comité Invisible

 

 

Mi amigo Rony me manda un mensaje desde Nueva York. Una vista
aérea de la ciudad y una foto de su hermano John, el bombero, que se
acaba de casar con una actriz. Después de dar algunas vueltas, Rony

me cuenta que su hermano se va a Texas, adonde tendrá un entrena-
miento militar de tres semanas en una zona peligrosa del suburbio.

—Qué mejor que mandar a los soldados a entrenar en esas calles
del mundo donde en vez de pájaros vuelan balas.
Si sobrevive, John vuelve a Nueva York, adonde tendrá su fiesta de
casamiento, para a los pocos días viajar a Afganistán.
—¿Va a luchar? —le pregunto a Rony en un mensaje.
—Va como enfermero en campo de batalla —escribe.
Me pregunto qué es lo que se dice en estos casos, qué se le afirma a
un amigo cuyo hermano parte hacia la guerra.
—¿Cómo te sentís? —pregunto.
—Confundido.
—¿John está obligado o lo hace porque quiere?
—Quiere...
—Cada loco con su tema —escribo, y busco, mientras espero la
respuesta, palabras para tranquilizar.
—John perdió muchos amigos en las Torres Gemelas —escribe
Rony—, quedó con el corazón endurecido hasta que la conoció a
Tina, que le hizo muy bien. Tal vez todo esto sea un cierre de algo...
Un mes más tarde Rony me manda fotos de su hermano, ya en
Afganistán. En una de las fotos, un robusto John apunta con una
metralleta. Se ve divertido, pleno. La otra imagen es de un grupo de
soldados delante de un helicóptero. Parecen un equipo de fútbol, y
también parecen estar adonde quieren estar. El mensaje de texto con
el que Rony acompaña las fotos es:
—Mi querido hermano.
—Qué impresión —respondo—, ¿cómo te sentís?
—Se ve feliz, lo cual me da confort, y me quita el asco.
No sé por qué, escribo:
—Feliz / confort / asco.
Y él dice:
—Es raro, me siento un poco triste.

—Mmm —le pongo, asumiendo que entiende que mmm es un so-
nido de comprensión y de empatía—. ¿Qué te entristece?

Mientras espero su respuesta, antes de ver qué dice, me pregunto si
lo que le entristece es que su hermano sea feliz en la guerra.
Escribe:
—Me entristece que está metido en aquel sistema bélico, manejo

de poder, el negocio de Trump. ¿Y para qué? Para una pensión favo-
rable. Me entristece la ignorancia.

—¿Cuál ignorancia? —respondo sin pensar.
Después de unos segundos, como si no pudiera contenerme,
repito y agrego:
—¿Cuál ignorancia? Vos estás triste y él está contento.
Apoyo el celular en la mesa y después de unos minutos descubro
que mis dedos no dejan de jugar con el aparato. Tengo desactivada
la función para ver si el otro recibió el mensaje, así que no sé si Rony
recibió el mensaje. Pienso en esos tics azules que te informan que el
otro ya escuchó tus palabras y que por alguna razón aún no responde.

Mientras espero, y tal vez porque no recibo respuesta, me pre-
gunto si acaso las palabras tienen el poder para mover las cosas.

Quedo suspendido en la duda, en la pregunta de si era momento
para cuestionar, o si debí haberme callado.
Para hacer de la espera un territorio amigable, escribo estas líneas.
Y deberé seguir escribiendo, hasta que el otro hable.

…………………………………………………………………………………………………

RESEÑAS:

Revista Lembra: https://goo.gl/Hm4TRh
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$300,00
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162 p.|21x15| ISBN 978-987-4481-20-7

 

Corrección, edición, diagramación y diseño de interiores:
Sebastián González

Diseño de collage de portada:
Bárbara Vázquez

Diagramación de portada y postal:
Martín Tobaldo Pastore

En la foto: Rodrigo Soloeta y Dama David

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CONTRATAPA:

En estos cuentos, dos elementos destacan el valor de la conversación: la honestidad
y el deseo de descubrimiento, ambos expresados en una reexión constante sobre el
relato. La amistad es el espacio donde se descubre que la conmoción, el movimiento
con el otro, es el fundamento por el cual contamos.

-Rodrigo Soloeta


Nos la pasamos contándonos historias. Historias de lo que creemos ser y de cómo
creemos que es el mundo. En el encuentro con el otro las narraciones personales
salen a la luz, para conrmar o destejer. Esta serie de cuentos es una investigación de
la "naturaleza" narrativa del ser humano. ¿Qué signica narrar? ¿Para qué contamos?
¿Por qué conversamos? Estos relatos enfrentan a sus personajes y a sus narradores
con su propia imagen. El encuentro les pone en peligro. ¿Quiénes somos detrás de lo
que creemos ser? ¿Qué implica darnos cuenta de que nuestra vida es un cuento?

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SOBRE EL AUTOR:

Jada Sirkin dice no saber quién es. En su página
www.jadasirkin.com se cuenta que hace cine, que
publicó algunos libros, que da talleres de escritura,
que acompaña procesos creativos y que entrena algo
que se llama RE. En los pasillos de la editorial se
rumorea que el autor no quería su nombre en la
portada, y que aceptó ponerlo en rojo porque dice
que su identidad está en llamas. Se lo vio tirando un
ejemplar al suelo, como si el libro fuera una de esas
bombas de humo que se usan para desaparecer.
Asegura que, si lograra arrojar el libro de la forma
adecuada, el sujeto arrojador perdería, al instante y
como envuelto en una nube, todos sus bordes.

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CUENTO RANDOM:

JOHN ESTÁ FELIZ

No se trata de que este mundo siga siendo comentado,
criticado, denunciado. Vivimos rodeados de una niebla
de comentarios y de comentarios sobre comentarios, de
críticas y de críticas de críticas, de revelaciones que no
desencadenan nada, salvo revelaciones sobre las revelaciones.
Esta niebla nos despoja de todo asidero en el mundo.
Comité Invisible

 

 

Mi amigo Rony me manda un mensaje desde Nueva York. Una vista
aérea de la ciudad y una foto de su hermano John, el bombero, que se
acaba de casar con una actriz. Después de dar algunas vueltas, Rony

me cuenta que su hermano se va a Texas, adonde tendrá un entrena-
miento militar de tres semanas en una zona peligrosa del suburbio.

—Qué mejor que mandar a los soldados a entrenar en esas calles
del mundo donde en vez de pájaros vuelan balas.
Si sobrevive, John vuelve a Nueva York, adonde tendrá su fiesta de
casamiento, para a los pocos días viajar a Afganistán.
—¿Va a luchar? —le pregunto a Rony en un mensaje.
—Va como enfermero en campo de batalla —escribe.
Me pregunto qué es lo que se dice en estos casos, qué se le afirma a
un amigo cuyo hermano parte hacia la guerra.
—¿Cómo te sentís? —pregunto.
—Confundido.
—¿John está obligado o lo hace porque quiere?
—Quiere...
—Cada loco con su tema —escribo, y busco, mientras espero la
respuesta, palabras para tranquilizar.
—John perdió muchos amigos en las Torres Gemelas —escribe
Rony—, quedó con el corazón endurecido hasta que la conoció a
Tina, que le hizo muy bien. Tal vez todo esto sea un cierre de algo...
Un mes más tarde Rony me manda fotos de su hermano, ya en
Afganistán. En una de las fotos, un robusto John apunta con una
metralleta. Se ve divertido, pleno. La otra imagen es de un grupo de
soldados delante de un helicóptero. Parecen un equipo de fútbol, y
también parecen estar adonde quieren estar. El mensaje de texto con
el que Rony acompaña las fotos es:
—Mi querido hermano.
—Qué impresión —respondo—, ¿cómo te sentís?
—Se ve feliz, lo cual me da confort, y me quita el asco.
No sé por qué, escribo:
—Feliz / confort / asco.
Y él dice:
—Es raro, me siento un poco triste.

—Mmm —le pongo, asumiendo que entiende que mmm es un so-
nido de comprensión y de empatía—. ¿Qué te entristece?

Mientras espero su respuesta, antes de ver qué dice, me pregunto si
lo que le entristece es que su hermano sea feliz en la guerra.
Escribe:
—Me entristece que está metido en aquel sistema bélico, manejo

de poder, el negocio de Trump. ¿Y para qué? Para una pensión favo-
rable. Me entristece la ignorancia.

—¿Cuál ignorancia? —respondo sin pensar.
Después de unos segundos, como si no pudiera contenerme,
repito y agrego:
—¿Cuál ignorancia? Vos estás triste y él está contento.
Apoyo el celular en la mesa y después de unos minutos descubro
que mis dedos no dejan de jugar con el aparato. Tengo desactivada
la función para ver si el otro recibió el mensaje, así que no sé si Rony
recibió el mensaje. Pienso en esos tics azules que te informan que el
otro ya escuchó tus palabras y que por alguna razón aún no responde.

Mientras espero, y tal vez porque no recibo respuesta, me pre-
gunto si acaso las palabras tienen el poder para mover las cosas.

Quedo suspendido en la duda, en la pregunta de si era momento
para cuestionar, o si debí haberme callado.
Para hacer de la espera un territorio amigable, escribo estas líneas.
Y deberé seguir escribiendo, hasta que el otro hable.

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RESEÑAS:

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